La formación del analista, también en Mar del Plata Fundamentos de la práctica analítica en la EFmdp

En este año 2014, el seminario anual que se dicta en la Escuela Freudiana de Mar del Plata lo he titulado Fundamentos de la práctica analítica y es una invitación para los que quieren empezar un recorrido de lectura, una articulación de los textos de Freud y Lacan.

Nadie está del todo dentro del psicoanálisis, porque el psicoanálisis no es un adentro, el psicoanálisis es un discurso, y es por eso que no hay ser del analista sino practicantes del discurso del psicoanálisis.


Los que estamos comprometidos con la práctica psicoanalítica estamos siempre entrando al campo del psicoanálisis y nuestra función, nuestro deseo, es hacer entrar a otros practicantes que quieran trabajar como analistas.

Así entendemos la formación del analista, propiciando esta entrada. Espero que este

seminario genere la oportunidad de reunión para trabajar a los que quieran empezar en psicoanálisis y aquéllos que quieran entrar una vez más al psicoanálisis y quieran propiciar la entrada de otros.

Como han establecido Anabel Salafia y Norberto Ferreyra entrar al discurso del

psicoanálisis implica una lógica diferente a la que sustenta la introducción al psicoanálisis.

Introducir el psicoanálisis en la cultura fue el paso inaugural realizado por Freud.

Freud introdujo la peste, inventó el inconsciente, interpretó los lapsus, los sueños y los síntomas. Su introducción creó la doctrina, descubrió la sexualidad más allá del instinto y modificó las cosas para siempre.

Por eso la introducción del psicoanálisis constituye la lógica del acto fundacional freudiano.

Esa introducción, la introducción ya se realizó. Freud inventó el psicoanálisis mediante la Introducción al psicoanálisis. Clínica de Freud que se convirtió en sus textos y textos freudianos que dan sustento a su clínica.

Cada caso en el que un practicante quiera entrar hoy al psicoanálisis no es homólogo al acto inaugural freudiano, la ontogenia no repite la filogenia.

La tríada para la formación del analista que Freud propuso: análisis personal, supervisión y estudio de los textos psicoanalíticos sigue en plena vigencia y se pone en tensión mediante la enseñanza de Lacan.

¿Cómo iniciar-se, hoy, en los avatares que implican la formación del analista?

Introducción, en nuestro tiempo puede producir la ilusión de un suceso que pasa una vez y para siempre. La ilusión consiste en introducirse y poder quedarse tranquilos por estar dentro de la esfera de cierto conocimiento. Pero los caminos en psicoanálisis no son tan rectos, ni tan directos.

Recordemos el modelo que Freud propone en Psicoterapia de la histeria, al que denominó "modelo ideológico", mediante el cual explica que las representaciones, ordenadas como catáfilas de cebolla, recubren el núcleo patógeno y que la asociación libre hace que una representación remita a otra representación (desplazamiento/metonimia) y así lo que va diciendo el paciente va acercándonos al centro patógeno, que no es otra cosa que el espacio condensado por las mismas catáfilas. Este movimiento representacional no se lleva a cabo en una forma cronológica, ni unidireccional, ni directa. Se va y se vuelve de la periferia al centro atravesando las diferentes catáfilas de cebolla, por circuitos intervalados, en forma progresiva y regresiva. ..

Para Freud las representaciones ya establecidas obligaban a ir atravesando las capas

de la cebolla para llegar a su centro. Lacan puso el recorrido primero como causa de la cosa: el punto de capitoné también nos muestra entradas y salidas del hilo que establece caminos que sólo luego al tensarse configuran el almohadón/cebolla que no preexiste al acto mismo.

Experiencias del relato, experiencia de la palabra: para Freud recuperar el recuerdo, hacer consciente lo inconsciente, elaborar el trauma para no repetir y disolver el síntoma. Para Lacan: producir el inconsciente en el discurso, repetir para encontrar la diferencia, atravesar el fantasma para deponer al Otro y poder construir el sinthome.

Tanto en Freud como en Lacan se trata de práctica de la palabra, práctica de discurso que lejos de significar pérdida de tiempo, constituye la estructura misma.

La formación del analista, no es ajena a este movimiento. El analista se constituye en su análisis, nos ha enseñado Lacan.

La formación del analista ha sido siempre uno de los grandes temas del psicoanálisis y es uno de sus impostergables desafíos del presente, también en Mar del Plata.

En la EFmdp venimos dando el debate de cómo organizar una actividad destinada a

quienes por primera vez se acercan al psicoanálisis. En un curso de tres años (2009, 2010 y 2011) Sylvia Moretti, Luis Barragán, Gisela Avolio, Paula González, Ariel Maggi y Agustín Volpe desarrollaron lo que se dio en llamar Curso de Introducción al Psicoanálisis. De la psicopatología al sujeto.

Ese curso es un hito en nuestra trayectoria que demuestra nuestro interés constante en abrir la EFmdp para aquellos interesados en comenzar su práctica como analistas y fue una experiencia que nos permitió seguir pensando lo que ahora queremos transmitir.

El psicoanálisis es una práctica de discurso que implica una posición específica de intervención en la clínica, es una forma particular de entender y atender el sufrimiento de cada persona.

El psicoanálisis es otro que el discurso universitario por lo que no hay título de analista, de grado ni de posgrado, que pueda ser otorgado por ninguna facultad ni por ningún colegio profesional. No hay un programa predeterminado, una carrera de materias al final de la cual se entrega un diploma de psicoanalista.

Practicar el psicoanálisis no consiste tampoco en establecer un dominio sobre determinada territorialidad inmobiliaria de los consultorios.

El analista sólo existe cuando en una práctica el que conduce puede abstenerse de

inflamar la sugestión sobre su persona para que aparezca la transferencia al discurso. Es una cuestión lógica que permite sostener una ética.

Entonces ¿cómo entrar a ese territorio al que llamamos psicoanálisis?

Hubo, sigue habiendo, diferentes formas según las épocas y las circunstancias.

Introducirse, infiltrarse, como indocumentado inmigrante, al psicoanálisis oficial fue el dificultoso y extendido instante, de los años cuarenta hasta los setenta, que obligaba en la Argentina a conseguir, mediante didácticos procedimientos, las credenciales que permitieran franquear las fronteras y ser aceptado en el primer mundo del psicoanálisis.

La situación ha cambiado hoy sus envolturas pero es el tiempo de comprender que sigue habiendo efectos de la ilusión de que hay padre ilustrado y con linaje europeo, que pueda emitir pasaportes legalizados con visa de trabajo garantizado para el país del psicoanálisis.

La castración consiste justamente en eso: no hay cargos vitalicios en la práctica del

análisis, no existen formularios para ampliar funciones, ni nombramientos rentados, ni prestigios extranjeros de las capitales del mundo que garanticen la vigencia internacional, casi mundial, de nuestra práctica. Es por ello que cada cual, cada analista, es caso a caso y con otros.

El contrato del análisis implica un compromiso ético con la palabra, en forma de respuestas y preguntas que se van dando en un determinado ámbito y tiempo. La dimensión teórica y clínica del psicoanálisis se sostiene en un anudamiento Real, Simbólico, Imaginario.

Así como Lacan estableció una crítica con respecto a la desorientación del psicoanálisis de los posfreudianos; hoy, lo que Lacan nos ha transmitido nos permite advertir que la formación en psicoanálisis está en las antípodas de la mecánica mercantilista utilizada por los "contratistas de conocimientos psicoanalíticos". Unirse para contratar, espasmódicamente, a disertantes varios para hablar sobre temas relacionados con el psicoanálisis no implica formarse como analista. El mercado de conocimientos organizado en locaciones de servicio se opone al saber del analista.

La formación del analista es de cada analista y se da en transferencia, la reunión de analistas en las instituciones del psicoanálisis está orientada por un real de la práctica. La Escuela es uno de los dispositivos de la reunión de analistas que propicia un acto: que el analista se habilite a sí mismo y con otros.

No es difícil darse cuenta de la diferencia entre las prácticas contratistas y las del

psicoanálisis en extensión: los contratados son siempre los que enseñan y los contratistas son siempre los alumnos.

Así como el psicoanálisis en intensión (analizante-analista, en una cura) sólo se produce si la transferencia está en juego, el psicoanálisis en extensión (la enseñanza, la transmisión

del psicoanálisis) requiere también que haya transferencia. Remarco transferencia que no es lo mismo que transacción.

Entrar al discurso del psicoanálisis implica el compromiso por lo que se transmite y por lo que es imposible de transmitir. Hacer con este resto es responsabilidad del analista.

La formación del analista implica sostener una escena en donde haya un desarrollo lógico que propicie el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir.

Fundamos la Escuela Freudiana de Mar del Plata como un espacio para dar el debate

público de las cuestiones y temas del psicoanálisis y en el cual los practicantes puedan encontrar las argumentaciones del psicoanálisis y dar las razones de su clínica. Trabajar en la Escuela es trabajar en establecer la distancia entre el Ideal megalómano de que hay ser del analista y el deseo del analista como función.

Los invitamos a participar en el seminario Fundamentos de la práctica analítica porque los textos que recorreremos, comenzando por Tres ensayos y una teoría sexual, son las bases para poder establecer el lazo social que el psicoanálisis produce.